Balanzas fiscales

Ahora, cuando falta dinero, todas las comunidades autónomas, y en especial las que más tenían, quieren mantener su ritmo de gasto pasando por encima de quien haya que pasar.

Lleva Cataluña años reclamando una fiscalidad más adecuada a ellos, lo cual quiere decir más dinero, porque su balanza fiscal es negativa, “aportan más de lo que reciben” dicen.

Pero Madrid reclama exactamente lo mismo, dice que es la más solidaria.

Y el resto mirando.

Pero… ¿de qué hablan? ¿quién aporta más que quién? ¿qué cuentan cuando dicen que ponen más que otros?

Yo no lo veo. Por ejemplo, Madrid, tiene la ‘suerte’ de tener allí nada menos que el cincuenta por ciento de las grandes empresas cotizadas. Sólo eso.

Supongo que cuando hacen las cuentas no miran que donde ponga la sede social Telefónica, Acciona o Repsol es un pequeño favor que hacen estas empresas sólo a los que viven allí, puesto que concentran en sus sedes miles de puestos de trabajo directos (muy bien pagados muchos de ellos) además de los cientos de pequeñas empresas proveedoras o contratistas de éstas. Y así hasta justo la mitad de las que hay para sólo el 12% de los españoles. Supongo que no tratarán de convencer a los extremeños de que compiten en igualdad de condiciones, o de que tengan el doble de paro es porque son poco emprendedores, o de que estas empresas son un madrileño más muy competitivo (que no tiene inconveniente a facturar a todos los españoles por igual).

balanzaPero ¿cómo tienen la caradura de comparar los ingresos fiscales de comunidades que concentran el 75% de las grandes empresas, la industria o las sedes de las entidades financieras, con el impacto económico que ello conlleva, con comunidades agrícolas o turísticas? ¿cómo van a contabilizar las inversiones que durante décadas sólo se han hecho en estas comunidades y no en otra? ¿cómo se mide el impacto fiscal del paro, que duplica en unas comunidades el de otras? ¿cómo se contabilizan las infraestructuras ferroviarias o aeronáuticas que tienen en exclusiva Madrid o Barcelona? ¿cómo se compensa que la tierra en Andalucía, Extremadura o La Mancha esté en manos de unos pocos terratenientes vividores que ni invierten, ni investigan, ni crean riqueza, ni actividad económica y que viven de subvenciones que no revierten en su tierra? ¿cómo se valora el proteccionismo de regímenes totalitarios que han decidido que se concentre el poder financiero o industrial en dos o tres sitios de la península?

Pues bien, mientras las supuestas balanzas fiscales de cada comunidad no tengan en cuenta la pesa de varios kilos que tienen en su lado de la balanza, desequilibrándola a su favor y que, curiosamente, genera grandes desigualdades en la distribución de la riqueza, muy condicionada por la concentración de industria, empresa y servicios financieros, ruego se abstengan de pesar la fiscalidad en su balanza con trampa. O al menos que utilizando esa burda mentira nos traten de desequilibrar más.

En un lado de la balanza debe estar los ingresos y en el otro las deficiencias históricas de infraestructuras que condenan a determinadas zonas a nunca tener la balanza a su favor…

Leer entre titulares

Si nos dejamos llevar por lo que leemos en titulares de noticias (prensa, radio y tv), por frases pronunciadas o escritas con  aseveración y rotundidad, nos estamos dejando manipular, así de sencillo. No podemos creer sin más esos titulares puesto que detrás de ellos podría haber, y de hecho hay en muchos casos, intereses.

Un ejemplo: se está creando un caldo de cultivo para un alto desencanto político que va a conducir inevitablemente a una alta abstención en las próximas elecciones, porque no tenemos políticos que estén ‘a la altura’ (“todos son iguales”).

Los partidos no nos representan, eso es cierto, o al menos no dan explicaciones, no cumplen sus programas, no hablan con los ciudadanos. Como también es cierto que no votar es tanto como poner las cosas muy fáciles a los dos partidos mayoritarios.

Si no aumenta la participación, la pérdida de apoyo que pueda tener -por ejemplo- el Partido Popular no se va a traducir en una pérdida suficiente de una mayoría que le pueda seguir permitiendo gobernar, esto lo debemos tener claro. Tradicionalmente el voto a la derecha no es tan crítico con sus opciones políticas como el de izquierda, por lo que es de esperar que no pierda tantos votos como pueda creerse a priori; pero si, además, una gran parte de votantes se abstiene porque no encuentra candidatura a su medida, se consigue que las mayorías (para los dos únicos partidos que pueden conseguirlas de momento) sean mucho más fáciles de conseguir. Es la ley d’Hont. Si el PP perdiera, por ejemplo, un 25% de sus apoyos, sólo descendería en un 15% el número de escaños con la misma (o menor) participación que las anteriores elecciones.

Por ello es fácil de entender que desde los propios medios afines a la derecha se esté fomentando este discurso que desanima la participación, puesto que es la única forma de amortiguar su posible caída en votos. Sin embargo, si la participación aumentara, digamos un 15%, no sólo podría llegar a perder un 30% de escaños, sino que también se abriría incluso la posibilidad a que entrara con fuerza algún nuevo partido en el parlamento. Un partido que sí entiendan los ciudadanos descontentos que los representan.

Esto es algo que nos debemos plantear muy seriamente en cada consulta electoral.

 

escaños PP

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Enviado a El País, no publicado)

El engaño del déficit autonómico

Ya tenemos cifras del déficit autonómico.
Y ahora toca decir el despilfarro que han tenido los de siempre: Cataluña, Valencia, Andalucía mientras los ciudadanos de las comunidades cumplidoras sacrificándose para pagar los desfases de otros… ¿o no?
Pues, mejor ver dos imágenes:
1. El déficit que sale en la prensa: exceso del gasto en % sobre el PIB de cada comunidad (la estadística oficial)

Desv_PIB_2012

2. La desviación del gasto en cada comunidad por ciudadano, comparado con la media de gasto autonómico (elaboración propia, obviamente)…

Desv_gasto_2012

¡¡CÓMO CAMBIA EL CUENTO!!!

Curiosamente Madrid pasa de las mejores a las peores, y Andalucía al revés, lo bueno y lo malo según el gobierno…

Pues no lo entiendo bien, porque si en todas las Comunidades se despilfarrara como en Andalucía (por no hablar de Extremadura que gasta aún menos), nos ahorraríamos al año en nuestro país 244.000 millones de euros, un 23% del PIB. Fijaos si da para gasto público.

Yo no digo nada, pero el Gobierno está en Madrid. Y la patronal también… ¡¡¡ y los medios de comunicación más influyentes!!!

Por cierto, esta gráfica nos muestra una ‘casualidad’ que nunca resalta nadie: casando el paro y el pib por comunidad autónoma, hay una sospechosa curva en X, es decir, a más pib, menos paro… por algo será. Por tanto, resumiendo, que no ofendan nuestra inteligencia hablándonos de comunidades autónomas cumplidoras y no cumplidoras, con porcentajes incomparables sobre el pib, lo real es esto: Extremadura tiene la mitad de presupuesto que Navarra por habitante y año para sanidad, educación, … ¿son la mitad de importantes? ¿son unos vagos subsidiados?

pib-paroMás bien (yo me inclino por esta respuesta, políticamente incorrecta) lo que ha pasado es que  -desde la revolución industrial- jamás se ha subvencionado la implantación de ninguna gran empresa ni por las dictaduras, ni por monarquías. Ni en los años que llevamos de esta democracia se ha promocionado la desdesertización industrial en ciertas partes de España, en la España del paro… Justo lo contrario: Madrid es cada vez más potente financieramente y ahora pretenden centralizar políticamente el Estado. Justo lo que necesitamos para volver a tener dos españas cada vez más separadas.

Y el problema es que la batalla ideológica está ganada: “no más autonomías despilfarradoras”, dicen. Como si Madrid fuera el ejemplo de gestión…

 

Ser de derechas es un error, con todos mis respetos

Bueno, no es totalmente cierto si tienes intereses propios en juego, hablo de empresarios de verdad, de los “der taco” como dicen en mi tierra… A quienes defienden, sabiéndolo, el consenso de Whashington se les nota. Pero los que lo defienden sin saberlo y todavía creen que están mejorando la “eficiencia” el estado de bienestar, son un peligro público, votan sin conocer los nocivos efectos de su voto.

Bajo el disfraz del mensaje de sostenibilidad del estado de bienestar se esconden ideólogos del neoliberalismo, y nos lo quieren colar con calzador y, lo que es peor, nos lo han colado en el peor momento para nuestro país que podrían haberlo hecho: aprovechando una crisis sin precedentes.

Es penoso escuchar a tus conciudadanos hablar alegremente de despilfarro [dentro del cual la mayor parte es gasto público esencial], del insostenible estado de las autonomías [¿y por qué no de los gastos militares, de la iglesia o del estado central?], de lo que nos cuestan nuestros políticos [¡lo que nos ha costado es tener políticos que podamos votar libremente!], del fraude en los subsidios de desempleo [insignificante frente al de los empresarios o frente al fraude fiscal y la economía sumergida], de los costes farmacéuticos de los pensionistas [¿mejor se mueren y no cuestan nada ni cobran pensiones?], de los inmigrantes que abusan del sistema [¿después de que el sistema lleve años abusando de ellos?]

Y lo más triste es ver que se está haciendo todo con los votos de trabajadores, pensionistas, inmigrantes y que esos votos nos empujan a que todos suframos las consecuencias de un preconcebido y perfectamente planificado desmonte del estado de bienestar, sólo porque es caro para unos pocos que, aunque puedan pagarlo, prefieren gastar en su lujo personal y no pagar para que unos pocos millones de “vagos” lo disfrutemos. Y, ojo, que también lo pagamos. Con años de trabajo, y con dinero de nuestros impuestos y cuotas sociales.

Sin embargo todos mandan correos basura, bombardean los bares de frases hechas: “todos los políticos son iguales”, “los sindicatos son unos pesebreros”, “los inmigrantes se llevan las subvenciones y nosotros a trabajar”, que si catalanes, que si andaluces… ya me gustaría escuchar dos argumentos coherentes que fundamentaran algunas de sus hipótesis.

Todas las afirmaciones populistas de la derecha cojean, a todas les faltan argumentos serios o, más bien, todas tienen argumentos superficiales. Nada más hay que escuchar a Rajoy para descubrir la altura política de su discurso: hacer “lo que hay que hacer”, vamos a “tomar decisiones”, “como dios manda” o “con sentido común” son recetas que no me puedo creer que provengan de un presidente de gobierno. Y que lo hayan votado con un único programa electoral: el aval de años criticando todo lo que hiciera Zapatero.

La única respuesta que puedes escuchar después de rebatir alguna frase estándar es que zapatero ha despilfarrado y nos ha llevado hasta esta situación. Pues vale, bien, pero -por favor- explícame dos o tres cosas en la que se haya despilfarrado y que supongan que nuestro gasto se haya disparado, cosas de envergadura no tonterías como que se ha subvencionado a tal o cual ONG… Las hay, pero ¿lo saben? Es como si sólo leyeran los titulares de larazón (me niego a escribirla con mayúsculas, eso no es un diario serio)

El problema es que la persona que es “de derechas” no es crítica, al menos cuando gobierna la derecha, cualquier cosa es justificada siempre y cuando no lo haga un gobiern0 de izquierdas, es más, la corrupción es asumible mientras no sea un sindicalista o uno del psoe quien se corrompa.. Sin embargo se atreven a generalizar diciendo que los de izquierdas son igual de fanáticos. Pues parece que no, puesto que a pesar de seguir siendo de izquierdas no votan al mismo partido siempre si creen que no han gobernado bien o hay corrupción… Ponen el ejemplo de Andalucía, pero lo cierto es que el psoe ha pasado de ser mayoría absoluta a ser el segundo partido, y han votado más a otro partido. El problema es que a los de derechas no les gusta que voten al psoe, pero menos a izquierda unida… Igualito que en la Comunitat Valenciana o Madrid, donde la corrupción no pasa factura a nadie.

Y por lo visto nadie se da cuenta de la envergadura de las acciones del gobierno actual, una de las más graves pasa totalmente desapercibida: hace unos meses, en las elecciones generales no sólo se votó al Gobierno, también se votó a un Parlamento (Congreso) y al Senado. Poder Ejecutivo pero también Poder Legislativo que, en los primeros meses se ha puenteado descaradamente (sacando sólo Decretos y no Leyes). Es decir, se ha eliminado uno de los tres pilares del Estado, ni más ni menos.

También se ha desechado totalmente el diálogo social, al estilo parlamentario: se llama a los agentes sociales no para negociar, sino para explicarles lo decidido. Y, para el que no lo sepa, este país ha basado su progreso social desde la dictadura precisamente en este diálogo. No se habla con sindicatos aunque representen a más trabajadores afiliados que todos los partidos políticos juntos, pero sí se habla con colegios profesionales en la sombra (¿acaso no son sindicatos obligatorios y corporativos?). No se habla con los profesionales de la sanidad o la educación para hacer recortes, cuando son ellos los que mejor conocen qué déficits y excesos tienen y, posiblemente, tengan propuestas que mejoren -de verdad- la eficiencia. Pero es que son comportamientos ideológicos, no se cree en la democracia real, sólo en aparentarla. En eso la derecha se aleja demasiado de los ciudadanos, aunque muchos no lo sepamos.

Pues no lo entiendo, no comprendo por qué debemos sacrificar tanto sin más explicaciones, sin debate parlamentario, sólo que haya déficit justifica lo que nos perjudica a todos pero bien que defienden los intereses bancarios y de las grandes empresas. Y si no que le pregunten a las eléctricas ¿por qué se recortan las subvenciones a renovables (nos beneficia a todos) y no quieren ni hablar de una cuota a la producción hidroeléctrica o nuclear, ya amortizadas? Cobran lo mismo por kw sea la fuente que sea, cree empleo o no, contamine o no, provoque gastos para la salud o no, genere déficit en nuestra balanza de pagos o no … Para las eléctricas será igual, pero para los ciudadanos no ¿acaso no nos interesa más que haya menos contaminación -y lo que se pague por ella como cuotas de CO2? ¿o que las eléctricas no puedan pactar con ellas mismas precios que garanticen sus negocios, para dar entrada a la competencia renovable que haga bajar realmente el exagerado precio que pagamos? ¿no nos viene mejor que haya más empleo y posibilidades de desarrollo? ¿no preferimos más independencia energética del petróleo o del gas extranjero y de sus precios manejados por mercados financieros?

Sí que hay déficit, quizás excesivo, quizás impagable. Pero podría ser por casualidad … ¿porque no hay ingresos?… y ¿por qué no hay ingresos? ¿no habría que gastar en funcionarios de hacienda para recaudar más de lo “sumergido”? ¿o de la inspección de trabajo para eliminar fraudes en trabajadores, pero también donde hay más, en las empresas? ¿y por qué no revisar el sistema de subvenciones de las grandes empresas que despiden trabajadores, que contaminan, que ganan a costa del gasto público?

Pero eso no es de derechas. Bueno, haga lo que haga rajoy, la culpa será zapatero. Hasta que nadie se acuerde del anterior presidente, tendremos derecha para rato…

Frente a la rebelión de las élites, concienciación y solidaridad ciudadana.

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El lenguaje de la optimización de los recursos, de la reducción del déficit, de la eliminación de duplicidades, del combate del fraude en las prestaciones, de la mejora de la calidad educativa, de la insostebilidad de las pensiones esconde decisiones ya tomadas que benefician -y mucho- a las élites financieras que, no lo olvidemos, dominan bancos, multinancionales, instituciones europeas.

A quienes no le interesa esos derechos ciudadanos -porque se pueden pagar de forma privada sus necesidades- pretenden descaradamente evitar que con sus pequeños y excepcionales impuestos se financie lo público, para percibir aún más renta, sin rubor alguno, con todo el descaro, ante nuestras narices.

Pretenden convencernos de que el déficit es malo. Claro, eso significaría que para financiar las prestaciones deberán volver a pagar impuestos por encima del 1 o del 10%, porque con el deterioro de las condiciones laborales y salariales de los trabajadores esto no se sostiene, eso es cierto. Tendrían que dejar de recibir subvenciones las eléctricas, las telecos, los bancos, etc. etc. O bien reorientarlas sólo a las empresas que inviertan, que creen empleo, que apuesten por una economía de futuro, que no contaminen…

Dicen que el problema son sindicatos y políticos, ciudadanos que gastaron más de lo que podían, el boom inmobiliario, pero eluden sus responsabilidades quienes más se han beneficiado, quienes pretenden beneficiarse a toda costa y aún en situaciones como las actuales, quienes quieren recibir plusvalías sí o sí, cualquiera que haya sido el resultado de su gestión, por encima de quien sea…

Pero los ciudadanos debemos recobrar nuestra conciencia de lo que somos, nada si nos creemos los mensajes del déficit y las reformas sin rechistar, volveremos a hipotecar nuestro futuro pero esta vez no con el préstamo de una casa a precios hinchados, sino para costearnos ahora una educación de “calidad”, una sanidad que nos cubra nuestras necesidades o un plan privado de pensiones que supla la pérdida de poder adquisitivo de nuestra merecida pensión.

¿Y a los políticos? ya nos encargaremos de exigirles a través de nuestros foros: asociaciones de consumidores, de vecinos, sindicatos, procesos electorales. Ya decidiremos nosotros mismos -sin tutela de los medios de comunicación- si votamos a unos, otros o los de más allá, pero los queremos ahí porque son el único enlace entre ciudadanía y poder. Si no existen no tenemos forma de intervenir en la vida pública, es decir, seríamos una dictadura. Por ahora sólo somos una democracia que debe mejorar, y es una gran diferencia.

¿Los sindicatos? ya nos afiliaremos al que más nos convenza, si queremos, o votaremos al que trabaje por nuestros derechos si nos da la gana cuando haya elecciones sindicales. Pero que estén ahí, desde luego no va a ser la patronal o sus medios de comunicación los que nos cuestionen su existencia si ellos son incapaces de cuestionar a sindicatos obsoletos, clasistas, obligatorios como los colegios profesionales, o a las mismas patronales.

¿El gasto público? ya decidiremos de dónde saldrán los impuestos para sostener el estado. En cualquier caso, si hay muchos funcionarios de sanidad, es probable que haya mejor sanidad y atención, además de más recaudación por irpf. Si los hay en educación, hay formación de calidad y nuevamente más cotizantes a la seguridad social, a las pensiones, al desempleo y en el irpf. A más inspectores de hacienda o de trabajo, se combatirá mejor el fraude fiscal y el laboral. Todos ganamos. Pero el problema es que van a tener que pagar impuestos los que se han acostumbrado a no hacerlo, a ganar más de lo que necesita nadie, más de lo que podría gastar en tres generaciones, a ganar sin riesgo ni responsabilidades.

Pero ya no nos engañan, ya sabemos qué pasa.

Cada recorte tiene un beneficiado, y no somos nunca los ciudadanos.

Grandes empresas, aseguradoras y bancos se frotan las manos por la parte del pastel que se pueden llevar “liberalizando”, vendiendo servicios públicos. Perderemos calidad, se perderá empleo, pero la factura pública me temo que bajará muy poco, puesto que el beneficio va a ir a manos privadas: planes de pensiones, pólizas médicas y colegios o universidades privadas pueden ser nuestra próxima hipoteca si no ponemos ya pie en pared.

Y van a tratar de evitarlo a toda costa: ignorando la interlocución sindical, recortando el derecho a la huelga y a la movilización pública, incluso ignorando a los propios políticos electos en el parlamento (tramitando decretos que eluden el debate legislativo) o puenteando -como a sindicatos- a los profesionales de la sanidad, a los de la educación o a quien se ponga por delante ¿es que no lo vemos aún?

Los ciudadanos no somos los que tenemos que entender los efectos el déficit o de la deuda soberana. Eso nos lo tendrán que explicar, y no lo han hecho: que no se puede gastar lo que no se tiene es muy pedagógico pero no somos niños, y hacer las cosas con sentido común hacer lo que hay que hacer, está muy bien como norma moral para una persona, pero es mejor que un gobierno utilice el sentido de estado, y hacer las cosas como dios manda ha de ser sustituido por hacer lo que los ciudadanos necesitamos, exigimos o, mejor aún, que nos sean reconocidos nuestros derechos ¿pero es que nos toman por imbéciles?

La herencia recibida sigue siendo una excusa porque, si ha existido fraude, dispendio o despilfarro debe ser denunciado cuál, dónde y quién ha sido, y eso no se ha hecho (sólo se ha señalado con el dedo a responsables “políticos” del despilfarro), con lo cual ahora si se nos van a pedir sacrificios nos tendrán que explicar por qué, pues seguimos sin  entender cómo hemos llegado a esta situación.

Se nos habla de comunidades despilfarradoras, cuando suelen ser las que menos gastan por ciudadano (como Castilla la Mancha) y llaman cumplidoras a las que gastan el doble (como Madrid).
Pese a que se habla abiertamente de duplicidades y se culpa a las autonomías, hay más gasto en el estado, aunque se tiene que recortar menos y eso que las grandes partidas están transferidas. Así, mientras el déficit total en euros es sólo un 15% mayor en las cc.aa. (con un gasto total un 70% mayor por tener transferidas sanidad y educación) se les exige que recorten un 60%, frente a sólo un 35% que se exige a la administración central. Pues no lo entiendo.

En fin, si de esta crisis debemos sacar una lección es que detrás de muchas cosas que se dicen hay intereses, muchos, y la mayoría económicos.

Tenemos que tomar conciencia ciudadana. Tenemos derechos. Si nos exigen sacrificios habrá que explicarlos, seguramente los asumiremos. Pero no lo han hecho, no han habido explicaciones ¿por qué entonces tenemos que acatar los recortes sin más?.

Seamos ciudadanos. Seamos trabajadores. Seamos solidarios. Seamos críticos y exigentes.

Pongamos qu’hablo de Madrí

Hay muchas cosas de las que en Madrid no se habla, porque es mejor desviar el debate hacia el resto de comunidades autónomas, a base de repetir ideas como que ya está bien de que las comunidades (las demás) quieren cada vez más dinero, de que se subvenciona a las de siempre…

Quizás sea bueno recordar que:

– Dos tercios de las principales empresas (ibex35) y un tercio de las cinco mil mayores que son además las que más facturan (la mitad del total) tienen casualmente su sede social en Madrid, es decir pagan allí su abultada tributación al impuesto de sociedades. Solo las del ibex pueden suponer un regalo a los madrileños de cuarenta mil millones en beneficios tributables (más de 6.600€ por ciudadano, más de 27.000€ por afiliado a la seguridad social)

-El iva que pagamos en nuestra comunidad a Telefónica, a Renfe, a Iberia, etc. es ingresado en Madrid.

En tu empresa te exigen que para “mejorar” vayas a Madrid, es decir, que tributes más (pero en Madrid) y que consumas allí. Entre un 40% y un 90% de las plantillas de las grandes empresas tiene necesariamente que trabajar en Madrid ¿en la era de las telecomunicaciones, de la sociedad de la información y del teletrabajo?

cientos de accesos y de kilometros de metro, la tercera red del mundo

¿en España podemos permitirnos el tercer metro del mundo? Si, a costa de que otras ciudades no lo tengan

Que sepamos, las empresas no eligen sus sedes ni toman sus decisiones democráticamente. Entonces ¿no corresponde a los gobiernos compensar la falta de ingresos y de inversiones a los ciudadanos perjudicados por la unilateralidad de las multinacionales y grandes empresas?

Sin embargo, a cambio, Madrid tiene el 40% de las redes de metro españolas, el 20% de las de cercanías, más autovías y autopistas que otras comunidades aunque, como Andalucía, estén más pobladas y tengan las grandes poblaciones más dispersas. También todas las líneas de alta velocidad pasan por Madrid.

Los impuestos los pagamos todos, pero muchos se recaudan en Madrid. Y se también se disfrutan.

Por lo tanto, más líneas de cercanías, más alta velocidad no radial, líneas de metro adecuadas en todas las áreas con más de medio millón de habitantes como Sevilla, Málaga, Zaragoza, Murcia o Alicante, sin que se tengan que elegir entre unas u otras. Es decir más infraestructuras que hagan que la responsabilidad social de las empresas sea algo más que un informe anual y desarrollen el empleo y la actividad económica en Extremadura, La Mancha, Aragón, Andalucía, …

Entonces en Madrid se vivirá mejor: menos atascos, menos contaminación, menos estrés. ¿nadie quiere una M-30 fluida?. Yo sí.

Lecciones de la crisis

Tenemos tendencia a culpar de todo a políticos, sindicatos, autonomías, parados, inmigrantes. Pero habrá que valorar críticamente qué estrategias hay tras afirmaciones tan difundidas, nunca confirmadas por datos coherentes.
Se afirma gratuitamente desde distintos medios que Sanidad, Pensiones, Educación o Subsidios no son viables tal como están…¿no habrá intereses detrás de todo?
Hemos sido engañados durante años por una burbuja económica de construcción y crédito que dinamizaba la economía creando empleo, financiando ayuntamientos. Hoy las hipotecas han acabado asfixiando a miles de españoles.
Ahora -sin percatarnos de ello- se busca una hipoteca alternativa: pagar por la sanidad, por las pensiones o por la educación. Poniendo en duda su viabilidad, se genera una inquietud que, curiosamente, favorece a bancos, aseguradoras o grandes grupos empresariales. Sin darnos cuenta vamos a hipotecarnos de nuevo abriendo un plan de pensiones, un seguro médico, o una universidad privada que “mejore” lo público.
Debemos reafirmarnos en nuestros derechos, que los servicios sean públicos y de calidad. Son más baratos y eficientes. No nos confundamos, lo que es bueno para la mayoría, lo es para todos. Quizás hoy podamos costearnos servicios privados ¿quién nos garantiza que siempre podamos permitírnoslo? Una lección que deberíamos aprender de esta crisis.

Este escrito ha sido enviado para su publicación en El País como Carta al Director, aunque no se ha publicado hasta la fecha