La mano

¿No nos hemos preguntado alguna vez por qué no podemos mover de forma independiente unos dedos de otros en la misma mano?

El problema no es biomecánico, curiosamente, parecería que los músculos del antebrazo que mueven los dedos tienen alguna conexión entre ellos, pero no es así, son totalmente independientes.

Es una cuestión cerebral: para nuestra mente la mano es un conjunto, que funciona para algo en concreto. Es decir, damos órdenes a la mano para que haga una función, no a cada dedo para que se mueva de una forma u otra.

De esta forma es más fácil manejar nuestras manos, aunque para ello se requiera mucho tiempo de aprendizaje mientras somos niños, tocándolo todo, cogiendo cosas con pesos diferentes, desarmando juguetes…

Una vez sabemos a priori cómo son las cosas que nos rodean, tan sólo tenemos que enviar órdenes al cerebro para hacer algo y no para explicar a la mano cómo tiene que hacerla. Ellas ya saben ¿tendrán su propio cerebro?

Este es otro de los motivos, junto a nuestra vista, que nos diferencian tanto de otros seres.

El ojo

Es curioso que haya tantas formas de ojo en el mundo animal, y con adaptaciones tan diferentes y tan específicas.

Por eso los científicos trataron de hacer una línea evolutiva: cómo surgió y por cuantas fases ha pasado hasta llegar a los que en la actualidad (valga la redundancia) “vemos”.

Y llegaron a una conclusión muy curiosa viendo a los animales más primitivos: el ojo proviene de una parte del cerebro que, de alguna forma, llegó a ser fotosensible. Es decir, sorprendentemente, el ojo es … ¡una extensión y especialización del cerebro!

Hoy en día esto se puede apreciar observando cómo evoluciona un feto humano y cómo “se salen” los ojos del cerebro y se extienden hacia fuera. Para ver, claro, dentro está muy oscuro…

Muy curioso, nunca hubiéramos imaginado tal cosa ¿no?

La visión humana

Aunque tengamos unos ojos similares a muchos animales superiores similares a nosotros, incluso puede que menos perfeccionado en algunos aspecto que alguno de ellos, la vista humana es uno de nuestros mayores patrimonio como especie.

Nos ha ayudado, junto a las manos, a ser como somos y a haber llegado evolutivamente al lugar que ocupamos.

Si creer personalmente que seamos superiores a nadie, ni que tengamos alma o vida eterna, sí que es cierto que tenemos unas capacidades que al menos no hemos descubierto en grado tan desarrollado en otras especies.

Al parecer el secreto de nuestra visión es una parte del cerebro que va guardando a lo largo de nuestra vida una memoria visual, como escenas, o fotogramas de una película.

Cuando vemos sólo nos concentramos en una parte de la escena y somos capaces de ir fijando nuestra vista en puntos distintos a gran velocidad, controlando de una forma muy eficaz lo que sucede. Pero esa visión de un punto concreto se ve completada con un artificio que proviene del cerebro, y que es el uso de imágenes en la memoria para completar el resto de la escena.

Es decir, no todo lo que vemos lo estamos realmente “viendo” sino que gran parte de la imagen la estamos recreando, inventando, sobre todo cuando estamos en una situación controlada.

Esta forma de vista tan desarrollada, al parecer, nos ha aportado una gran ventaja porque contamos con un gran cerebro que lo complementa. Bueno, o el cerebro puede que se haya desarrollado en gran medida para que tengamos este tipo de vista, quién sabe.